10.5.08

El capital

No hay mercado. Ni cultura de mercado. Las empresas inmobiliarias han estado ganando mucho dinero durante el boom de la vivienda en España. Me alegro por ellos. Y por sus accionistas. Había una oportunidad y algunos la aprovecharon. Se hicieron ricos. Sus aviones privados surcaban el cielo, iban a los palcos y daban lecciones. Nada que objetar.
Ahora han cambiado las tornas. Sus bienes se deprecian, tienen que vender los aviones y los pisos ya no se venden. Tampoco nada que objetar. Esto es el mercado.
Pero como somos un país sin cultura capitalista, ahora algunas empresas inmobiliarias
se atreven a pedir que entre todos los contribuyentes hagamos frente a sus problemas. Es evidente cuál debería ser la respuesta que nos dejaría tranquilos a los contribuyentes: no, no y no. Y si tienen que cerrar grandes inmobiliarias, pues que cierren, será un ajuste sin duda necesario, ya que sólo el mercado es capaz de separar adecuadamente el grano de la paja. Y si algún banco se ha expuesto demasiado, pues es su problema y allá se las compongan sus accionistas.
Los que no tenemos nada que objetar cuando las empresas ganan mucho dinero, somos los que ahora podemos reclamar sin ningún rubor al Estado
que no use nuestro dinero para salvar aventuras empresariales ruinosas o sueños de grandeza desbocados.

PS: “La perfección no es cosa de este mundo. Siempre habrá productos deficientes, charlatanes y timadores. Pero, en conjunto, la competencia del mercado, si se la deja funcionar, protege al consumidor mucho mejor que la alternativa ofrecida por los mecanismos gubernamentales que de forma creciente se han sobrepuesto al mercado”. Friedman Milton y Rose:
Libertad de elegir (II). Folio, Barcelona, 1997. Página 308.

PD: Mañana, a la China.

9.5.08

Viaje 2.0

Desocupado lector, ando un poco liado con temas de trabajo y no consigo actualizar la bitácora con la regularidad requerida. En cualquier caso, hay un tema que quería comentarle. Finalmente, este domingo me voy a la China, a la comunista, como diría josé luis.El viaje me llevará a Shanghái, Xian y Pequín.
Al igual que en otras ocasiones, y tal y como ocurrió en
Rumanía o en los Estados Unidos, espero poder contarle de manera regular mis impresiones sobre aquella parte del mundo. Pero como una bitácora es un elemento participativo me gustaría saber si algún desocupado lector tiene alguna opinión sobre alguna de las tres ciudades, alguna recomendación sobre qué ver, dónde comer etc..
Esta vez, para mi pesar, Jimena no me acompaña en el viaje. Ya les contaré más detalles.

PS: Es difícil encontrar
un ejemplo más claro de frivolidad imbricada en la ignorancia.

PD: Siendo ambas profundamente repugnantes,
claro que hay diferencias entre las dictaduras de la izquierda y las de la derecha. Muchas más de las que les gustaría a la socialdemocracia. En esta línea, magnífico Arcadi Espada hoy en El Mundo: “El régimen cubano no encierra a la gente por motivos coyunturales o decisiones tácticas. El encierro forma parte de su naturaleza, que rebasa lo puramente dictatorial. Algunas dictaduras, como la española, la portuguesa o la chilena, nunca limitaron hasta los extremos comunistas los movimientos. [...] Los motivos por los que el comunismo encierra a la gente son algo más complejos y cuesta plantarles cara. No me estoy refiriendo, desde luego, a la cínica respuesta de los dirigentes de la República Democrática Alemana, cuando arguyeron que levantaban el muro para proteger a la república de los inminentes ataques imperialistas. Me refiero al motivo verdadero, que es el amor y el deseo de protección de sus súbditos: se impide la salida al exterior como se impediría la entrada en una zona de radioactividad. En el último pliegue del pensamiento comunista, milímetros antes de que se haga burocracia y delincuencia, está la altiva superioridad moral, nuestra vieja y olorosa conocida: dónde iban a estar mejor que aquí”.

7.5.08

Melancolía, o cuando sólo hay una manera de aplacar a un espíritu

Melancolía. Cuántos crímenes se cometen en tu nombre. Cuántos desatinos. Una se asoma tras el espejo de la modernidad y allí la encuentra. Fantasmas que hablan, viejas que pasan llorando. Nostalgia de cuando éramos más jóvenes. Nostalgia de un pasado que nunca fue como lo imaginamos y que, es más, nunca será como lo suponemos.
Es la melancolía la que nos dice que hay lenguas en
peligro de extinción, como si las lenguas fueren seres vivos y no puras y simples herramientas de comunicación.
La metáfora como obscenidad.
Es la nostalgia la que nos impele a recuperar
los juegos de nuestros antepasados, como si un juego no fuera otra cosa que un divertimento. La que nos hace recuperar bailes sin sentido porque ahí el mundo era más puro, no había jornada laboral y todos éramos más felices.
Pero todo es mentira. La clave está en lo que diferencia a la melancolía del duelo. Si en este hay una pérdida objetiva, en la melancolía dicha pérdida no tiene porqué ser real.
Por eso, muchas noticias, como
la que trae hoy la prensa, sólo pueden entenderse desde la melancolía. Sólo en un estado melancólico puede entenderse que una Administración, ese ogro a veces filantrópico que pagamos con el sudor de nuestra frente, se permita el lujo de multiplicar por doce el valor de conocer una herramienta de comunicación frente a lo que aporta la educación superior. Y en un ámbito como la medicina, nada menos. Por ejemplo: valorar cuatro veces más el hablar una lengua que no conocen ni la mitad de los potenciales pacientes antes que haber escrito una tesis que llevara por título: “Análisis morfológico y funcional de la capa de fibras nerviosas en glaucoma”. Y yo le pregunto, desocupado lector, aunque no sé si querrá constestarme; si usted padeciera glaucoma, qué preferiría, que le atendiera antes la persona que hizo esta tesis, aunque no hable la lengua minoritaria del país, o que le atendiera alguien cuyo mérito fuera hablar esa lengua minoritaria.
Yo lo tengo claro.

PS: “He aquí los espíritus a quienes he resucitado estas Pascuas, los espíritus de los muertos que nos han legado a los vivos sus esperanzas. Los espíritus son seres molestos para tener en casa o en la familia, ya lo sabíamos aun antes de que Ibsen nos lo enseñara. Sólo hay una manera de aplacar a un espíritu. Hay que hacer lo que nos pide. A veces los espíritus de la nación nos piden grandes cosas y hay que aplacarlos a cualquier precio”.
Patrick Pearse, en la navidad de 1915.

PD: lecciones
de ética al contado. Así es nuestra socialdemocracia.

6.5.08

Sociología del bar

Una última reflexión sanabresa habida cuenta del puente de mayo. El bar. El bar como espacio de socialización. No sé si también en los ambientes urbanos, pero desde luego en los rurales lo es. El momento de verse. El momento de contar, el momento de escuchar. Algunas horas fijas, la última de la mañana, antes de comer, para tomar el aperitivo. La primera hora de la tarde, para el café. Después de cenar, para la copa. No hay que quedar con nadie. Uno baja y ya sabe qué habrá gente con la que conversar.
El bar tiene sus reglas, y no siempre es fácil entenderlas. Por ejemplo a la hora de pagar. No es correcto pagar lo que uno ha tomado. No. Se paga al menos una ronda. Si bebes menos, pues te jodes. Tampoco es bueno hacer un derroche excesivo y pagar varias rondas. Hay que encontrar el punto justo. El problema es si uno se va antes de que el bar se disuelva.
A primera hora de la tarde hay más reglas. Porque llegan las cartas. Si uno baja con idea de jugar, al mus por ejemplo, lo mejor es que no muestre mucho interés. Está mal visto ir con prisa, llegar y sentarse en la mesa. Es bueno, incluso, fingir cierto desapego cuando a uno lo invitan a jugar. Los de fuera se quedan a cargo del tabaco. Los de dentro, se juegan los cafés.

PS: incluso los
más listos cometen errores. Esa es una de las grandes ventajas del capitalismo

PD: Los padres del Perdíu han marchado a la españolísima Gerona, la ciudad que con tanto ahínco y tesón defendiera el granadino
Álvarez de Castro en aquel sitio legendario en el que perecieron, fieles a su Rey a su patria, diez mil gerundenses. De momento, los Mozos de Escuadra no han comunicado al autor de esta bitácora que sus señores padres hayan causado ningún altercado, desmintiendo así las tesis más pesimistas, que auguraban conflictos en cuanto el avión tocara suelo catalán.

5.5.08

De la Universidad a la Escuela de Negocios

Lleva un par de números Actualidad Económica insistiendo entre algunas de las diferencias básicas entre las escuelas de negocio españolas y las universidades públicas de nuestro país. La clave está en el boe. Unas, las que no tienen que convocar plaza de profesor en el boletín, las que no reciben presupuesto público ni están gestionadas por políticos, han colocado a tres de ellas entre las veinticinco primeras del mundo. Algo absolutamente sorprendente si nos fiáramos de los tópicos. Pero ahí están, el Instituto de Empresa, ESADE y el IESE. Y no es un ranquin que haya hecho alguna dirección general, no. Es del Financial Times.
Las otras, las que contratan en función de “principios objetivos”, las que “son de todos”, las que “representan la dignidad de nuestra región o nacionalidad histórica”, las que sólo tienen en cuenta “el mérito y la capacidad” no son capaces de colocar a ninguna
entre las cien mejores del mundo.
Brutal.
¿De verdad a ningún progre todo esto no le sugiere algo?
Esa es la diferencia entre jugar en un entorno libre, donde la competencia te hace mejorar, a hacerlo en un entorno cautivo, en la mejor tradición del estanco hispano, donde la competencia no existe y los puestos se retribuyen en función de los méritos de guerra. Y además son de por vida, que para eso has estado aguantando durante años con un salario de miseria.
No somos ni mejores ni peores que el resto de países. Cuando a los españoles se les obliga a jugar en un entorno competitivo, demuestran que, si son buenos, pueden estar en puestos notables, porque no hay ninguna tara genética que lo impida, pese a lo que escribía el lamentable doctor Robert. Cuando juegan con el resultado asegurado y en régimen de monopolio, los españoles, como cualquier otro ser humano, son tan catastróficos como cualquier otro en su lugar.

PS: No hay claustros universitarios; no hay más que una oficina, un "centro docente" (tal es el mote) en que nos reunimos al azar unos cuantos funcionarios, que vamos a despachar, desde nuestra plataforma -los que a ella se encaramen-, el expediente diario de nuestra lección. Antes de entrar en clase se echa el cigarro, charlando del suceso del día durante un cuarto de hora que de cortesía llaman. Luego se entra en clase, circunscriben algunos su cabeza en el borlado prisma hexagonal de seda negra -¡geométrico símbolo de la enseñanza oficial!-, se endilga la lección, y ya es domingo para el resto del día, como dice uno del oficio. Se han ganado los garbanzos".

Ps:
Unamuno, Miguel de: “De la enseñanza superior en España”. Revista Nueva, agosto de 1899

4.5.08

Los que se fueron y los que no

Los espacios privados producen virtudes públicas. Déjeme, desocupado lector, que le hable hoy, desde Sanabria, del bar de un amigo. Que se lo recomiende incluso. Hace años, la estación de ferrocarril de la Puebla era un lugar oscuro. Decrépito. El bar, un espacio hecho de plásticos aderezados con cafés amargos a altas horas de la madrugada. Sin alma. Renfe, o el GIF, o ADIF, sacó a concurso por varios años el bar. Y allí fue Paco, a hacerse con él. Lo cambió de arriba abajo. La barra pasó de ser de contrachapado a ser de piedra. No forrada en piedra, no. De piedra. Pintó el local. Lo puso a su gusto. Y el resultado fue espectacular. Además, como Paco es inquieto, convirtió la estación en un punto de encuentro, un espacio para exponer y para conversar. Porque Paco, además de llevar el bar, es historiador. Y persona culta. Ha estudiado, durante años, el pachueco, esa forma arcaica en la que el latín, en plena descomposición, cristalizó en Sanabria y que hoy se considera una forma del leonés. Pero Paco no se limita a las lenguas. También sabe, y mucho, de las legendarias vistas de Remesal, que decidieron el futuro de un Imperio. Y de pinturas rupestres. Y del ciclo del agua en nuestra tierra. Por algo está detrás de muchas de las iniciativas más interesantes de la comarca.
Ahora, en
la Estación hay, además de ordenadores para conectarse a Internet, un espacio wifi para poder trabajar mientras cae la tarde de primavera en Sanabria.
Un espacio de lujo para un lugar tan necesitado de lujos como la tierra sanabresa. Un espacio construido por esos sanabreses que no emigraron y que luchan, día a día, por la tierra que los vio nacer. Si pasan por la Puebla, no dejen de visitarlo.

PS: Las lenguas nacionales que conocemos hoy en día, aparentemente tan naturales, son en gran medida producto del pronto de desaparición de innumerables vestigios del Antiguo Régimen –piénsese en la diversidad de pesos, medidas, monedas, sistemas postales, etc–, nos encontramos en el ámbito lingüístico con un desarrollo paralelo. Sus artífices han sido las academias en algunos casos (España, Francia) […] o la labor conjunta de literatos, pensadores, políticos y puristas (Alemania); y en todos la tenacidad de unos filósofos afanados en encontrar el origen, la esencia y el orden de la propia lengua.
Sosa Wagner Francisco y Sosa Mayor, Igor: El Estado fragmentado. Modelo austro-húngaro y brote de naciones en España. Editorial Trotta, Madrid, 2007. Página 103.

30.4.08

Miserias contra el capital

No hay todavía, quizá nunca lo hubo, capitalismo como tal en España. Pasa un poco como con el liberalismo. Neoliberal, le dicen a las políticas públicas. Ojalá. Sistema capitalista. Quien lo tuviera. Y va uno viendo ejemplos a poco que abra el periódico.
Tenemos la cultura que tenemos. Y venimos de donde venimos. De cuarenta años de dictadura nacional-católico-pacata. El dinero está mal visto. Entre amigos no se habla de cuartos. Es de mala educación preguntarle a un amigo, por cercano que sea, cuánto gana. Hidalgüelos con ipod.
Por eso ocurren cosas como las que ocurren. Que aquí se puede acusar a un político no por lo que haga o diga, sino porque tiene pasta, como pasó aquí con Pizarro. Este es el nivel.
Como el poco capitalismo que hay está ligado a antiguos monopolios estatales,
los saltos no se dan en función del mérito.
En fin, que cuando llegan las crisis, los iletrados que nos gobiernan piensan que ha habido demasiadas políticas liberales (¿?) y que es la hora de las
soluciones socialdemócratas. Ya saben lo que decía el sabio. Cuando oigan a alguien hablar de soluciones socialdemócratas, échense la mano a la cartera.
Y el paro, claro, se combate con dinero público. Porque
hay paro porque hemos sido muy neoliberales. Hay que ver.
En la pugna por el discurso, hace años que la izquierda ganó por goleada a la derecha. Las únicas políticas que funcionan son las liberales, pero la izquierda ha conseguido que parezcan diabólicas.
Pues no señor. Contra los monopolios, libertad. Contra las oligarquías de los partidos, transparencia. Contra el paro, desregulación y flexibilidad.
Contra la ineficiencia socialdemócrata, contra el ogro filantrópico en suma, más individuo.
Pero todo esto nos suena extraño. Nuestra cultura política ha sido, durante gran parte del XX, básicamente antiliberal. Tenían más en común la Falange y los comunistas de lo que parece. Tenían y tienen.

PD: En “La Unión Soviética, en cambio, tiene como perjudicial el ateísmo” [publicaba la revista falangista La Hora a finales del los cuarenta], pero hay un respeto no exento de admiración hacia la “mística del comunismo” que tan bien supo instrumentalizar el estalinismo. Sin estos apuntes no se entendería […] la reproducción de textos del principal embajador estalinista por el mundo, Ilya Eheremburg sobre “los racistas norteamericanos” o una reproducción impecable, extraída de la revista soviética “Tiempos nuevos”, bajo el hoy conmovedor título de “La filosofía soviética de la ciencia. El idealismo trascendente y la biología clásica, miserias de la civilización burguesa”.
Citado por Morán, Gregorio:
El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo. Tusquets, Barcelona, 1998. Página 312.
PS: esta tarde, en Senabria