No hay mercado. Ni cultura de mercado. Las empresas inmobiliarias han estado ganando mucho dinero durante el boom de la vivienda en España. Me alegro por ellos. Y por sus accionistas. Había una oportunidad y algunos la aprovecharon. Se hicieron ricos. Sus aviones privados surcaban el cielo, iban a los palcos y daban lecciones. Nada que objetar.
Ahora han cambiado las tornas. Sus bienes se deprecian, tienen que vender los aviones y los pisos ya no se venden. Tampoco nada que objetar. Esto es el mercado.
Pero como somos un país sin cultura capitalista, ahora algunas empresas inmobiliarias se atreven a pedir que entre todos los contribuyentes hagamos frente a sus problemas. Es evidente cuál debería ser la respuesta que nos dejaría tranquilos a los contribuyentes: no, no y no. Y si tienen que cerrar grandes inmobiliarias, pues que cierren, será un ajuste sin duda necesario, ya que sólo el mercado es capaz de separar adecuadamente el grano de la paja. Y si algún banco se ha expuesto demasiado, pues es su problema y allá se las compongan sus accionistas.
Los que no tenemos nada que objetar cuando las empresas ganan mucho dinero, somos los que ahora podemos reclamar sin ningún rubor al Estado que no use nuestro dinero para salvar aventuras empresariales ruinosas o sueños de grandeza desbocados.
PS: “La perfección no es cosa de este mundo. Siempre habrá productos deficientes, charlatanes y timadores. Pero, en conjunto, la competencia del mercado, si se la deja funcionar, protege al consumidor mucho mejor que la alternativa ofrecida por los mecanismos gubernamentales que de forma creciente se han sobrepuesto al mercado”. Friedman Milton y Rose: Libertad de elegir (II). Folio, Barcelona, 1997. Página 308.
PD: Mañana, a la China.
Ahora han cambiado las tornas. Sus bienes se deprecian, tienen que vender los aviones y los pisos ya no se venden. Tampoco nada que objetar. Esto es el mercado.
Pero como somos un país sin cultura capitalista, ahora algunas empresas inmobiliarias se atreven a pedir que entre todos los contribuyentes hagamos frente a sus problemas. Es evidente cuál debería ser la respuesta que nos dejaría tranquilos a los contribuyentes: no, no y no. Y si tienen que cerrar grandes inmobiliarias, pues que cierren, será un ajuste sin duda necesario, ya que sólo el mercado es capaz de separar adecuadamente el grano de la paja. Y si algún banco se ha expuesto demasiado, pues es su problema y allá se las compongan sus accionistas.
Los que no tenemos nada que objetar cuando las empresas ganan mucho dinero, somos los que ahora podemos reclamar sin ningún rubor al Estado que no use nuestro dinero para salvar aventuras empresariales ruinosas o sueños de grandeza desbocados.
PS: “La perfección no es cosa de este mundo. Siempre habrá productos deficientes, charlatanes y timadores. Pero, en conjunto, la competencia del mercado, si se la deja funcionar, protege al consumidor mucho mejor que la alternativa ofrecida por los mecanismos gubernamentales que de forma creciente se han sobrepuesto al mercado”. Friedman Milton y Rose: Libertad de elegir (II). Folio, Barcelona, 1997. Página 308.
PD: Mañana, a la China.




