Salimos para el norte. A ver cuántos quilos engordo. Mi General ha preparado con mimo la ruta. Almuerzo en el Guggenheim. Tarde en Lequeitio, frente al mar. Vinos, aunque sea el horroroso chacolí vasco. El domingo a La Montaña. Nuestra juventud, esa batalla ganada a la soledad, en Oriñón. Un Spa frente a la bahía. El lunes por las Merindades, almorzaremos en Haro, probablemente, y ya me tocará echar el martes, a otro tercio, por Logroño.
No les prometo una crónica porque no voy con ganas de escribir, voy con ganas de hablar y de escuchar. Pero si saco un rato ya les diré.
PS: Tengo también varios coroneles. Uno me llamó ayer. Quizá la mejor persona que he conocido nunca. Me escuchó. Me aconsejó (“Dejar de mirar al espejo y empieza a mirar por la ventana”). Ven a verme. Ven ahora me dijo. 8.582 quilómetros nos separan. Te pago el viaje, tío, dime una fecha y te saco los billetes y te los envío. Ven a relajarte, a pasear. Ven, amigo.
PD: recuerdo ahora aquella canción de Ismael Serrano. Me persiguió en el pasado remoto y me persiguió ahora. Aquel estribillo maldito: “Quiero dormir, no quiero despertar, / quiero ser la lluvia al otro lado del cristal, / quizás alguien me espere en la oscuridad". Es como un aviso, aunque no quiero verlo. Cuando me acuerdo de ella, algo no va bien.




